Por Hugo Martoccia
Todo sucedió como una ráfaga. Una noticia nacional debilitó la imagen del alcalde de Cancún Gregorio Sánchez. A las pocas horas, un rumor persistente decía que el diputado federal priísta Carlos Joaquín González había sido formalmente invitado por el PAN nacional para ser candidato de la mega alianza opositora en Quintana Roo. Días después, esa noticia formaba parte de las columnas políticas nacionales.
En ese mismo proceso, un encuentro entre el gobernador Félix González, el alcalde Gregorio Sánchez, y el empresario Nassim Joaquín. Entre los dos primeros, prosperó un leve acuerdo de civilidad para la campaña inminente. Entre el mandatario estatal y el empresario cozumeleño, una frialdad acaso definitiva.
Todo este escenario logró que la negativa de Carlos Joaquín a hablar de su posible salto a la oposición se suavice. Este martes, en un recorrido conjunto por las playas de Cancún que realizó con el alcalde y con el diputado federal panista Gustavo Ortega Joaquín, el priísta dijo que la importancia o no de la mega alianza opositora tendrá que ver con el candidato que presente.
“Me han preguntado sobre la mega alianza”, dijo el legislador, “lo que hay que ver es que haya buenos candidatos, que tengan la experiencia y la capacidad y talento para resolver los problemas políticos y sociales”.
Esa declaración es, lisa y llanamente, la primera señal de que Carlos Joaquín está valorando seriamente esa opción. El priísta también lanzó una señal hacia dentro de su partido. “Yo creo que va a darse un proceso abierto, seguramente lo será así y quien saldrá ganando será el propio partido y la militancia”, dijo.
Nada es gratuito en política, y mucho menos en tiempos electorales. Esta embestida de la familia Joaquín tiene un destinatario único que se llama Félix González Canto. Es la última llamada al mandatario estatal para que mantenga la unidad del PRI, y no quiera imponer a la mala a su candidato Roberto Borge.
Esta señal obedece, entre otras cosas, a la premura que tienen los partidos por el armado de la estructura electoral. Los partidos opositores y el mismo Carlos Joaquín saben que es imposible aguantar hasta el fin de las precampañas, allá por el 30 de abril, para decidir su destino político. En ese momento, la salida del menor de los Joaquín del PRI sería un error, cavilan, porque no habría tiempo para levantar una estructura electoral (aquella que debería enfrentar al PRI mano a mano el 4 de julio) que tuviera oportunidad de ganar el estado.
La “mesa chica” donde se deciden las cosas alrededor del priísta tomó nota de esta realidad y salió a dejar muy en claro cual es su jugada. La fotografía pública con Gregorio Sánchez y Gustavo Ortega Joaquín recorriendo las playas de Cancún tuvo casi la contundencia de un ultimátum.
Ese mensaje al gobernador, sin embargo, tiene otras ramificaciones. La familia Joaquín sabe que esa información transitará por las oficinas del Comité Ejecutivo Nacional del partido, en donde hay muchos dirigentes, comenzando por la propia presidenta, Beatriz Paredes, que no terminan de convencerse de que Roberto Borge deba ser impuesto como candidato.
¿Qué propone la familia Joaquín como sustento de su pelea? Encuestas que dicen, según ellos mismos, que desde diciembre a esta parte Roberto Borge se estancó, y Carlos Joaquín ha subido hasta quedar primero. “No nos pueden decir que las encuestas van a decidir, y sigue apoyando abiertamente a Beto”, dijo uno de los colaboradores cercanos de Carlos Joaquín.
El razonamiento es que si aún con el apoyo oficial irrestricto que está recibiendo Roberto Borge ya ha tocado su techo, no hay posibilidades de que siga creciendo. Del lado de Borge y del gobernador, por supuesto, desmienten esas encuestas y dicen que, en el mejor de los casos, Carlos Joaquín está cerca o parejo, pero nunca arriba.
Otra consideración que se hace en esos grupos cercanos al mandatario, es que el problema central aquí es el apoyo que se reciba de los convencionistas del partido, que no son otra cosa, al fin, que representantes de la estructura en todas sus formas. “El partido le hace caso al gobernador, y si se decide que es Beto, lo van a apoyar”, explica un antiguo referente priísta.
Un hombre que ha transitado por varios cargos partidarios y de gobierno tiene otra mirada sobre esos mismos hechos. “El gobernador ha enviado a operar para Beto a Víctor Viveros con la estructura, a Hendricks con los políticos, y a Francisco Garibay Osorio con los empresarios ¿Eso es una ayuda? ¿O lo está hundiendo?”, dice.
La referencia alude a que esos nombres no son bien recibidos en los ambientes a donde se los ha enviado a ayudar.
Al fin, todo lo que sucede tiene que ver con una confusión básica que se agiganta día a día. ¿Tiene sentido dejar proliferar precandidatos sin ton ni son? ¿Tiene sentido favorecer un “choque de trenes” al interior del PRI, que dejaría cientos de heridos? ¿Tiene sentido enfrentar a todos los grupos políticos fuertes del estado para imponer a un candidato?
Como siempre, hay dos versiones de las cosas. Los intérpretes del gobernador aseguran que todo esto es una pensada jugada política de Félix González, que algún día todos veremos con claridad y sorpresa.
Del lado contrario, dicen que simplemente las cosas se le complicaron al mandatario, y todo este ruido político es su forma de pedir que lo saquen de este entuerto con un acuerdo que deje a todos contentos.
Una anécdota de la política podría llegar a hacer entender las cosas. Años después de que fuera derrocado por un golpe militar, un periodista le preguntó al ex presidente argentino, Juan Domingo Perón, porque no había previsto ese golpe, si tenía el control casi total de los movimientos populares y de gran parte del Ejército.
“Yo hacía política, arengaba a mis adversarios en las mañanas desde las tribunas, demostrando mi fuerza, y esperaba una llamada a la noche para que llegáramos a acuerdos”, dijo el general, palabras más palabras menos. Los otros no entendieron el mensaje político, hicieron un golpe de estado, y las consecuencias fueron atroces.
Salvando las distancias evidentes, el nudo de la cuestión, que es la política y sus formas, tiene un paralelo muy claro. ¿Los Joaquín lanzaron su último mensaje y están esperando esa llamada?
En ese mismo proceso, un encuentro entre el gobernador Félix González, el alcalde Gregorio Sánchez, y el empresario Nassim Joaquín. Entre los dos primeros, prosperó un leve acuerdo de civilidad para la campaña inminente. Entre el mandatario estatal y el empresario cozumeleño, una frialdad acaso definitiva.
Todo este escenario logró que la negativa de Carlos Joaquín a hablar de su posible salto a la oposición se suavice. Este martes, en un recorrido conjunto por las playas de Cancún que realizó con el alcalde y con el diputado federal panista Gustavo Ortega Joaquín, el priísta dijo que la importancia o no de la mega alianza opositora tendrá que ver con el candidato que presente.
“Me han preguntado sobre la mega alianza”, dijo el legislador, “lo que hay que ver es que haya buenos candidatos, que tengan la experiencia y la capacidad y talento para resolver los problemas políticos y sociales”.
Esa declaración es, lisa y llanamente, la primera señal de que Carlos Joaquín está valorando seriamente esa opción. El priísta también lanzó una señal hacia dentro de su partido. “Yo creo que va a darse un proceso abierto, seguramente lo será así y quien saldrá ganando será el propio partido y la militancia”, dijo.
Nada es gratuito en política, y mucho menos en tiempos electorales. Esta embestida de la familia Joaquín tiene un destinatario único que se llama Félix González Canto. Es la última llamada al mandatario estatal para que mantenga la unidad del PRI, y no quiera imponer a la mala a su candidato Roberto Borge.
Esta señal obedece, entre otras cosas, a la premura que tienen los partidos por el armado de la estructura electoral. Los partidos opositores y el mismo Carlos Joaquín saben que es imposible aguantar hasta el fin de las precampañas, allá por el 30 de abril, para decidir su destino político. En ese momento, la salida del menor de los Joaquín del PRI sería un error, cavilan, porque no habría tiempo para levantar una estructura electoral (aquella que debería enfrentar al PRI mano a mano el 4 de julio) que tuviera oportunidad de ganar el estado.
La “mesa chica” donde se deciden las cosas alrededor del priísta tomó nota de esta realidad y salió a dejar muy en claro cual es su jugada. La fotografía pública con Gregorio Sánchez y Gustavo Ortega Joaquín recorriendo las playas de Cancún tuvo casi la contundencia de un ultimátum.
Ese mensaje al gobernador, sin embargo, tiene otras ramificaciones. La familia Joaquín sabe que esa información transitará por las oficinas del Comité Ejecutivo Nacional del partido, en donde hay muchos dirigentes, comenzando por la propia presidenta, Beatriz Paredes, que no terminan de convencerse de que Roberto Borge deba ser impuesto como candidato.
¿Qué propone la familia Joaquín como sustento de su pelea? Encuestas que dicen, según ellos mismos, que desde diciembre a esta parte Roberto Borge se estancó, y Carlos Joaquín ha subido hasta quedar primero. “No nos pueden decir que las encuestas van a decidir, y sigue apoyando abiertamente a Beto”, dijo uno de los colaboradores cercanos de Carlos Joaquín.
El razonamiento es que si aún con el apoyo oficial irrestricto que está recibiendo Roberto Borge ya ha tocado su techo, no hay posibilidades de que siga creciendo. Del lado de Borge y del gobernador, por supuesto, desmienten esas encuestas y dicen que, en el mejor de los casos, Carlos Joaquín está cerca o parejo, pero nunca arriba.
Otra consideración que se hace en esos grupos cercanos al mandatario, es que el problema central aquí es el apoyo que se reciba de los convencionistas del partido, que no son otra cosa, al fin, que representantes de la estructura en todas sus formas. “El partido le hace caso al gobernador, y si se decide que es Beto, lo van a apoyar”, explica un antiguo referente priísta.
Un hombre que ha transitado por varios cargos partidarios y de gobierno tiene otra mirada sobre esos mismos hechos. “El gobernador ha enviado a operar para Beto a Víctor Viveros con la estructura, a Hendricks con los políticos, y a Francisco Garibay Osorio con los empresarios ¿Eso es una ayuda? ¿O lo está hundiendo?”, dice.
La referencia alude a que esos nombres no son bien recibidos en los ambientes a donde se los ha enviado a ayudar.
Al fin, todo lo que sucede tiene que ver con una confusión básica que se agiganta día a día. ¿Tiene sentido dejar proliferar precandidatos sin ton ni son? ¿Tiene sentido favorecer un “choque de trenes” al interior del PRI, que dejaría cientos de heridos? ¿Tiene sentido enfrentar a todos los grupos políticos fuertes del estado para imponer a un candidato?
Como siempre, hay dos versiones de las cosas. Los intérpretes del gobernador aseguran que todo esto es una pensada jugada política de Félix González, que algún día todos veremos con claridad y sorpresa.
Del lado contrario, dicen que simplemente las cosas se le complicaron al mandatario, y todo este ruido político es su forma de pedir que lo saquen de este entuerto con un acuerdo que deje a todos contentos.
Una anécdota de la política podría llegar a hacer entender las cosas. Años después de que fuera derrocado por un golpe militar, un periodista le preguntó al ex presidente argentino, Juan Domingo Perón, porque no había previsto ese golpe, si tenía el control casi total de los movimientos populares y de gran parte del Ejército.
“Yo hacía política, arengaba a mis adversarios en las mañanas desde las tribunas, demostrando mi fuerza, y esperaba una llamada a la noche para que llegáramos a acuerdos”, dijo el general, palabras más palabras menos. Los otros no entendieron el mensaje político, hicieron un golpe de estado, y las consecuencias fueron atroces.
Salvando las distancias evidentes, el nudo de la cuestión, que es la política y sus formas, tiene un paralelo muy claro. ¿Los Joaquín lanzaron su último mensaje y están esperando esa llamada?
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